Teoría: La dictadura proletaria

¿Qué clase de estado necesitarán los trabajadores tras la revolución socialista?

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Chinese poster celebrating the Great October Socialist Revolution of 1917

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Original article in English

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La cuestión estatal es casi de cierto el aspecto más ampliamente distorsionado e incomprendido del Marxismo. La crítica del Marx de la economía capitalista es más o menos aceptable para los socialdemócratas, anarquistas, trotskistas y otras líneas de la intelectualidad pequeño-burguesa; no obstante, su crítica del estado capitalista y su comprensión de lo que debe sustituirse en lo político han sido rechazadas o – más comunmente – puestas bajo la alfombra.

En este artículo, intentaremos arrojar algo de luz con la enseñanza de Marx sobre el estado, en particular la teoría de la ‘dictadura proletaria’, la cual es la piedra angular de esa enseñanza. También intentaremos mostrar como la cuestión de la dictadura proletaria distingue al Marxismo revolucionario del anarquismo, la socialdemocracia y el pacifismo.

La dictadura proletaria equivale a la democracia de la clase trabajadora

La expresión ‘dictadura proletaria’ suena enteramente ofensiva para la mayoría de la gente que ha sido criada y educada en sociedades capitalistas. En Bretaña, nuestra escuela nos deja con una visión muy reducida en lo que respecta a las cuestiones de democracia y dictadura. Nos enseñan que la democracia y la dictadura son mutuamente excluyentes y que hay una línea recta que separa a lo ‘más democrático’ (Parlamento multi-partidista) de lo ‘más dictatorial’ (fascismo y comunismo revueltos juntos).

Esta educación deliberadamente escurece el hecho de que la muy reverenciada democracia británica, es realmente, democracia sólo para la clase capitalista. Sí, hay una multitud de partidos (por justamente razones específicas históricas que están allende el alcance de este artículo), pero todos estos representan a la clase capitalista: las políticas laboristas, conservadoras y liberales son las políticas del negocio, la propiedad privada, la explotación y el imperialismo.

La clase obrera no tiene ni la más liviana palabra en la dirección del país. De hecho, el estado entero está adaptado para la supresión armada de la clase obrera. Esto es difícil de apreciar en tiempos de relativa paz social, pero es todo claro cuando no son esos tiempos (piensa, por ejemplo, en el papel que jugó la policía y el ejército durante la huelga general de mil novecientos dieciseis o la gran huelga minera del 1984-1985).

Pues, la democracia británica puede ser considera como la dictadura de la burguesía. Es democrática siempre que sea democracia para la clase capitalista (vía parlamentaria y otros cuerpos extra-parlamentarios), y por lo tanto difiere de la dictadura burguesa total hitleriana o franquista; sin embargo, es dictatorial en el sentido de que la burguesía mantiene su relación explotadora con el proletariado mediante los medios de represión.

La dictadura proletaria, por otro lado, significa democracia para el proletariado combinada con la supresión violenta de la clase capitalista derrocada. Por ejemplo, la Unión Soviética de Lenin y Stalin fue democrática para la clase obrera, cuyos intereses fueron representados por los diversos cuerpos del régimen y que tenían un peso excepcional en altos niveles de la política en la dirección del país (via consejos, sindicatos, comités fabriles, comités de granja, comités escolares, comités de barrio, etc); con todo, era dictatorial para con la antigua clase dirigente, los capitalistas, quienes nunca dejaron en su campaña por restaurar lo viejo, lo atrasado, lo explotador, el orden brutal.

De modo similar, la Cuba moderna es una democracia de los trabajadores – a través de los Comités por la Defensa de la Revolución y otras estructuras, los cubanos comunes tienen un nivel de participación democrática que nosotros en Bretaña sólo podemos soñar; sin embargo, el régimen cubano está erigido para repeler con firmeza a cualquier persona u organización que intente regresar el viejo orden capitalista y neocolonial.

Lenin describió la dictadura proletaria como una “lucha obstinada – sangrienta y sin sangre, violenta y pacífica, militar y económica, educacional y administrativa – contra las tradiciones de la vieja sociedad”. (‘El Izquierdismo’, la Enfermedad Infantil del Comunismo, 1920)

Anteriormente en el mismo trabajo, escribió: “La dictadura proletaria es una guerra por completo determinada e implacable hecha por la nueva clase contra un enemigo más poderoso, la burguesía, cuya resistencia es incrementada por diez con su derrocamiento (aún más si es solo en un país), y cuyo poder descansa no sólo en la fuerza del capital internacional, en la fuerza y resistencia de las conexiones internacionales de la burguesía, sino también en la fuerza de hábito, en la fuerza de la pequeña producción. Mas, desafortunadamente, la pequeña producción está aún muy, muy dispersa en el mundo, y la pequeña producción engendra al capitalismo y a la burguesía continuamente, diariamente, hora tras hora, espontáneamente y a nivel masivo. Por todas estas razones la dictadura proletaria es esencial, y la victoria sobre la burguesía es imposible sin una larga, obstinada y acuciante guerra de vida o muerte, una guerra que requiere perseverancia, disciplina, firmeza, la cualidad de indoblegable y una unidad de voluntad”. (‘El Izquierdismo’, la Enfermedad Infantil del Comunismo, 1920)

En otra parte, él explicó: “En la transición, la lucha de clases crece más intensa. La transición del capitalismo al comunismo representa toda una época histórica entera. Hasta que esta época no haya terminado, los explotadores inevitablemente albergarán la esperanza de la restauración, y esta esperanza será convertida en conatos de restauración. Y después de sus primeras derrotas serias, los explotadores derrocados… se dedicarán con una energía multiplicada por diez, con pasión fiera y un odio crecido por cien, en la batalla por la recuperación de su paraíso ‘perdido’”. (La Revolución Proletaria y el Renegado del Kautsky, 1918)

En suma: La dictadura proletaria es la forma tomada por el estado tras el derrocamiento del estado capitalista por la clase trabajadora, mas ella no conlleva la derrota final de la burguesía.

La derrota final de la burguesía no se ha logrado aún en ningún sitio del mundo (y, para ser realistas, no habrá ‘derrota final’ hasta que el capitalismo no sea derrocado en al menos la inmensa mayoría de países del mundo).

El socialismo cubano está firmemente establecido, pero las mafias de Miami y el régimen norteamericano están aún activamente intentando subvertir la revolución (esto es ampliamente demostrado por las docenas de conantos de magnicidio de Fidel Castro); por lo que, el régimen cubano no puede permitirse el reposo – es más, con el crecimiento del turismo (introducido para ayudar al crecimiento económico), el régimen cubano tiene que estar más vigilante que nunca.

La República Democrática Popular de Corea (RDPC) se enfrenta a la constante interferencia de los EUA y a la presencia de treinta y siete millares de soldados y algunos centenares de cabezas nucleares por toda la frontera con Surcorea.

La URSS tuvo que defenderse de la guerra de intervención (1918-21) hecha por todos los países imperialistas juntos en liga con la Guardia Blanca zarista y los presuntamente ‘revolucionarios’ de los mencheviques y los eseristas; ella entonces se enfrentó a numerosas conjuras, sabotajes y asesinatos, fue otra vez la obra de un combinación de elementos reaccionarios internos y externos; y después hubo de protegerse del asalto del imperialismo alemán en la Segunda Guerra Mundial.

Por lo tanto la historia entera del socialismo, desde la Comuna de París hacia adelante, demuestra que el socialismo no puede ser mantenido sin la supresión por la fuerza de la clase capitalista derrocada y sus aliados foráneos.

Aproximándonos a la cuestión desde la dirección opuesta, usted encuentra un número de ejemplos de movimientos socialistas o progresivos que fracasaron en la supervivencia precisamente porque no establecieron una fuerza suficiente para la represión de sus enemigos de clase.

Este es el tema del estudio clásico del Marxismo de la Comuna de París, La Guerra Civil en Francia. Otro ejemplo célebre es el progresivo pero pacifista gobierno de Salvador Allende en Chile, el cual fue derrocado por un golpe brutal respaldado por la inteligencia norteamericana y dirigido por el notorio general Pinochet (un amigo personal cercano de Margaret Thatcher).

Socialismo contra socialdemocracia

Los revisionistas y los socialdemócratas intentan esconder bajo la alfombra el análisis de Marx sobre el régimen. Algunos de ellos incluso claman que la revolución socialista y la dictadura proletaria no son cuestiones centrales del Marxismo sino que simplemente representan la aplicación de Lenin del Marxismo a las condiciones de Rusia.

Se claman estas cosas en lugar de las aseveraciones claras como las que siguen: “Entre la sociedad capitalista y comunista hay un período de transformación política en el que uno se torna en el otro. A lo que corresponde también un período de transición política en el cual el estado no puede ser otra cosa que la dictadura revolucionaria del proletariado”. (Crítica del Programa de Gotha, 1873)

En estos días, los revisionistas y los socialdemócratas niegan la necesidad de (o permanecen mudos ante ello) la dictadura proletaria. El Sendero de la Bretaña al Socialismo, el programa político del revisionista Partido Comunista de Bretaña (PCB), contempla un sendero parlamentario, por el cual los comunistas ejercerán mucha influencia en el Partido Laborista, lo que precipitará su entusiasmo por el imperialismo y hará que empiecen a implementar el socialismo.

Desde luego, nada es dicho sobre cómo el régimen burgués respondería a tal cambio inesperado y no deseado de los acontecimientos – sólo una discusión serviría para rebatir el tierno ensueño de ‘colaborar’ por el socialismo. Últimamente, esos sueños revisionistas reducen al Marxismo a puro reformismo.

En palabras de Lenin: “Sólo es marxista aquel que reconoce la lucha de clases en la medida en que reconoce de la dictadura proletaria. Esto es lo que constituye la más profunda diferencia entre el marxista y el ordinario pequeño (así como grande) burgués. Esta es la piedra de toque con la que el verdadero entendimiento y reconomiento del Marxismo serán evaluados.

“Y no es sorprendente que cuando la historia de Europa condujo a la clase trabajadora a enfrentarse a esta cuestión como un asunto práctico, no sólo todos los oportunistas y reformistas, sino todos los ‘kautskistas’ (gente que vacilaba entre el marxismo y el reformismo) probaron ser miserables filisteos y demócratas pequeño-burgueses que repudiaron a la dictadura proletaria”. (El Estado y la Revolución, 1917)

Socialismo contra anarquismo

Otra tendencia política contra la que lucharon Marx y Engels, sobre la cuestión del régimen, fue el anarquismo.

Generalmente hablando, los anarquistas apoyan la idea de la revolución contra el capitalismo (aunque ellos vacilan mucho en cuanto a su nivel de confianza en la clase obrera); no obstante, ellos creen que, una vez que la revolución haya triunfado en sus objetivos iniciales de derrocamiento del capitalismo, no hay necesidad por más tiempo de un régimen y que ‘la gente’ simplemente será capaz de manejar sus propios asuntos.

Engels explicó las deficiencias de esta teoría muy claramente:

“Desde 1845 Marx y yo hemos sostenido la noción de que uno de los últimos resultados de la futura revolución proletaria será la disolución gradual de la organización política conocida como estado. El principal objeto de esta organización ha sido siempre el asegurar, mediante la fuerza armada, la opresión económica de la mayoría trabajadora por la minoría que sólo posee riqueza. Con la desaparición de una minoría que exclusivamente posee riqueza también desaparecerá la necesidad del poder de opresión armada, o poder estatal. Al mismo tiempo, sin embargo, siempre fue nuestra noción que con el fin de conseguir esto y los demás propósitos mucho más importantes de la futura revolución social, la clase trabajadora deberá tomar primero posesión del poder político organizado del estado y con su ayuda aplastar a la resistencia de la clase capitalista y organizar una sociedad nueva. Esto ya es encontrado en el Manifiesto Comunista de 1847, Capítulo II, en su conclusión.

“Los anarquistas ponen la cosa boca abajo. Ellos declaran que la revolución proletaria debe comenzar por eliminar la organización política del régimen. Pero después de su victoria la única organización que el proletariado encuentra ya en su existencia es precisamente el régimen. Este estado puede requerir unas muy considerables alteraciones antes de que cumpla sus nuevas funciones. Mas el destruirlo así como en un momento podría conllevar la destrucción del único organismo cuyos medios son los precisos para que el proletariado victorioso pueda sostener su nueva potencia conquistada, retener a sus adversarios capitalistas y desempeñar esa revolución económica de la sociedad sin la cual la entera victoria terminará en una nueva derrota y en una masacre de los trabajadores similar a la que ocurrió tras la Comuna de París”. (Epístola a Felipe Van Patten, 18 de Abril 1883)

Socialismo contra pacifismo

La última objeción a la doctrina de la dictadura proletaria con la que lidiaremos acá es la que formulan los pacifistas, quienes sostienen que toda violencia es errada, sin tener en cuenta si es perpretada por una causa justa o vil, si es perpetrada por los explotadores o por los explotados.

En el pasaje que sigue, Lenin deja sobradamente claro por qué la clase trabajadora no puede mantenerse si no es con medios violentos en su lucha contra el capitalismo y por el socialismo:

“Una clase oprimida que no hace por aprender a usar las armas y a adquirirlas, sólo será tratada como sierva. No podemos olvidar, a menos que nos tornemos burgueses pacifistas u oportunistas, que estamos viviendo en una sociedad de clases, en la que no existe otro modo de lucha, ni puede existir otro, que los medios lucha de clases.

“En cada sociedad de clases, esté basada en la esclavitud, en la servidumbre, o como en el presente, en el trabajo asalariado, la clase opresora está armada. No sólo el actual ejército moderno, sino incluo la milicia moderna – hasta en las repúblicas burguesas más democráticas como Suiza, por ejemplo – representan a la burguesía armada contra el proletariado. Esto es una verdad elemental que es apenas necesario detenerse en ella.

“Es suficiente con recordar el uso de tropas contra los huelguistas en los países capitalistas.

“El hecho de que la burguesía está armada contra el proletariado es uno de los más grandes, más fundamentales, y más importantes hechos en la sociedad capitalista moderna. ¡Y ante esto, los eseristas son instados a ‘pedir el desarme’! Esto es sinónimo del completo abandono de la noción de la lucha de clases, la renuncia de todo pensamiento de revolución. Nuestra consigna debe ser: El arme del proletariado con el propósito de derrotar, expropiar y desarmar a la burguesía. Estas son las únicas tácticas que puede adoptar una clase revolucionaria, tácticas que se deducen de todo el incontrovertible desarrollo del militarismo capitalista, e impuesto por ese desarrollo. Sólo después de que el proletariado haya desarmado a la burguesía será capaz, sin traicionar su misión histórica mundial, de arrojar todas las armas a la chatarra; y el proletariado hará esto sin duda, pero sólo cuando esta condición sea consumada, en verdad no antes”. (El programa militar de la revolución proletaria, Septiembre 1916).

Nota última

Esto discurre sin decir que, en un breve artículo, no podemos hacer más que dar el más reducido de los resumenes. Para tener una comprensión cabal de los asuntos expuestos, se le exhorta al lector a estudiar el clásico leninista de ‘El Estado y la Revolución’, así como la ‘Crítica al Programa de Gotha’ y ‘La Guerra Civil en Francia’ de Marx (atendiendo particularmente al ‘Prefacio de la segunda edición’ de Engels).

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Translation by Miguel de Tarso for Boletin Aldaba.